Arriésgate

“Si les ayudas con las maletas correrás el peligro de ganarte veinte duros”.


Era mi segundo trabajo. Botones en un hotel de la costa. Poco me faltaba para  cumplir los 17. Ya llevaba una semana dando tumbos detrás de los clientes e intentaba adaptarme al ritmo del verano. Entradas, salidas, decenas de idiomas.

Miraba por la ventana cómo unos recién llegados bajaban de un taxi. El director del hotel apareció a mi lado y me soltó esa lapidaria frase. De inmediato salté a la calle y obtuve la recompensa. Veinte duros. Una moneda mágica, dorada, de un peso perfecto.

No tuvieron que repetírmelo más veces. Maletas, mandados, traducción de cartas, guía, trabajos administrativos, gestión de reservas. Las monedas estaban allí, al alcance de mi mano. Sólo había que saber encontrarlas.

Ahora también existen oportunidades. Puede que no sean las más grandes ni las mejores, pero la suma de todas ellas bien valen el esfuerzo. Quizá sólo necesitemos un empujón.

¿Seguimos buscando o esperamos a ver qué ocurre? Vamos, pongámosnos en marcha. Corramos el peligro de ganar una moneda.

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